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El proposito más allá de los 50

En un México que envejece, las historias de Luis Garza y Renata Zentella recuerdan que el Propósito no tiene fecha de caducidad: también se construye desde la experiencia, la comunidad y las ganas de seguir creando.

El Propósito, suele pensarse, es cosa de jóvenes.

Sin embargo, en México crece una generación de adultos mayores que busca seguir creando, aportando y reinventándose. La Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento (ENASEM) 2024 reveló que, para entonces, había 32 millones de personas de 50 años (52.8% eran mujeres y 47.2% hombres). Mientras tanto, las proyecciones del Consejo Nacional de Población indican que, para 2030, este grupo representará al 15% de la población y superaría por primera vez al grupo de 0 a 14 años.

¿Quién dijo que, después de los 50 años, no puedes seguir buscando tu Propósito o transformar tu vida?

Luis Garza tiene 73 años y es el fundador de Entrecanos, una organización sin fines de lucro dedicada a fomentar el emprendimiento en personas mayores.

Su camino comenzó durante lo que él llama “relevo generacional inverso”. Cuando se jubiló, comenzó a apoyar a uno de sus hijos en una exposición de emprendimiento donde convivió con muchos jóvenes, inversionistas, Cámaras de Comercio, universidades y otros jugadores del ecosistema emprendedor.

Ahí notó algo que parecía obvio, pero que casi nadie estaba atendiendo: se hablaba de apoyar a la niñez, a los jóvenes, a las mujeres y a otros grupos, pero no del adulto mayor emprendedor. La pregunta se alojó en su cabeza y la soltó: ¿Y el adulto mayor emprendedor? La respuesta que le dio su hijo, si bien no era una provocación, fue la semilla de su nueva historia: “No sé papá, investiga”.

A partir de ahí, validó la idea e investigó sobre el emprendimiento en personas mayores de los 50 años en adelante y encontró que existía una oportunidad real para hacerlo. Así nació Entrecanos: bajo la convicción de que después de una larga vida también puede surgir una etapa de creación, aprendizaje y aporte.

Lo que vino después para Luis fue un grato descubrimiento, que por algunos momentos lo enfrentó consigo mismo. “Nos asusta la tecnología y sentimos que ya no podemos aprender. Ese miedo nos frena más que cualquier política”, comenta. Para él, creer en la experiencia acumulada —esa que no se aprende en un curso exprés— es el primer paso para recuperar el sentido de utilidad.

La vida rara vez sigue el camino que imaginamos, y ahí radica su magia: en las vueltas inesperadas, en los encuentros improbables y en las sorpresas que terminan cambiándolo todo.

Eso le pasó a Renata Zentella, de 58 años, cuya historia no empieza con una gran ruptura ni con la idea de “reinventarse” de un día para otro. Ella estudió Sistemas Computacionales Administrativos y durante varios años trabajó en empresas dentro del área de help desk. Le gustaba su carrera y disfrutaba trabajar en lo que había estudiado. Pero cuando se convirtió en mamá, decidió buscar una forma distinta de organizar su vida: no quería dedicar todo su tiempo a una empresa y dejar de estar presente para sus hijos. Así empezó a emprender.

Primero tuvo una cafetería. Después, una consultoría donde apoyaba a empresas con manuales de calidad. En ambos espacios encontró algo que iba más allá del negocio: la posibilidad de convivir, conversar con clientes, resolver necesidades y seguir desarrollándose profesionalmente, sin dejar de atender su vida familiar. Para ella, emprender fue una forma de administrar su tiempo y sostener distintas partes de su vida al mismo tiempo.

Ese mismo impulso la llevó, años después, a crear Meliora Gourmet. La idea nació de algo cotidiano: un día, mientras preparaba una salsa, quemó por descuido unos chiles habaneros. Como no le gusta desperdiciar comida, decidió probar, corregir, ajustar y perfeccionar la receta. Después, una amiga le sugirió venderlos porque eran ricos, originales y distintos a lo que ya existía. Así empezó a producir chiles habaneros deshidratados con nuez, arándanos y chapulines, además de salsa macha.

Renata ha vendido sus productos a restaurantes, empresas y clientes en distintas ciudades, incluso fuera de México. A su edad, Renata dice que todavía le falta mucho por experimentar y que le gustaría ver sus productos en más lugares, incluso en una tienda gourmet donde también puedan estar los productos de otras artesanas de su misma edad.

Benditas lecciones de vida

Luis sostiene que nadie construye su Propósito en soledad. Su historia está atravesada por una red de personas: sus hijos que lo empujaron a investigar, colegas que le dieron feedback, adultos mayores que se acercan con sus ideas y, sobre todo, familias y comunidades que lo nutren de confianza.

“La red de apoyo es gratuita y es la mejor escuela; allí te dicen qué funciona, te dan contactos, te ayudan a no sentirte solo”, resume. Por ello, cada vez que organiza un taller, observa cómo compartir historias de fracaso y éxito entre pares y, por añadidura, derriba la creencia de que las segundas partes pueden ser mejores que las primeras, tengas la edad que tengas.

Para Renata, apoyar a otras mujeres es parte del sentido de su emprendimiento porque ellas, dice, también tienen familias, obligaciones y sueños propios. “La mejor manera es apoyarnos entre todos”, dice.

Las historias de Luis y Renata demuestran que el propósito no es una prerrogativa de la juventud ni una carrera contra el tiempo.

Ambos coinciden en tres ideas básicas:

  1. Las barreras son más internas que externas. El miedo a aprender tecnología o a mostrar vulnerabilidad puede paralizar más que las leyes. Confiar en la experiencia acumulada es la primera palanca de cambio.
  2. La comunidad importa. Ninguna de estas historias se hizo sola. Hijos, amigas, colegas y organizaciones sirven como mentores, interlocutores y redes de contactos. Estos círculos de apoyo permiten compartir tropiezos, estrategias y ánimo.
  3. La narrativa debe cambiar. Más que políticas de “descanso” o “beneficencia”, se requieren programas que reconozcan la economía plateada como un motor. De ahí la importancia de incluir a los mayores en programas de emprendimiento, otorgar créditos sin discriminación por edad, entre otros incentivos.
  4. Fluir y dejar que la vida te sorprenda. Nadie tiene la vida comprada. Por eso, hay que vislumbrar un futuro sin dejar de disfrutar el ahora. No se trata de correr para demostrar algo, sino de enfocarse en el hoy, construir con calma y encontrar felicidad en el proceso.

El final feliz

Construir un Propósito no es un privilegio de la juventud ni una carrera contrarreloj; es un viaje que acompaña todo el ciclo de vida. En un México que envejece aceleradamente y donde las personas mayores de 50 años ya suman 32 millones, reconocer que el Propósito se reinventa es fundamental para diseñar políticas, comunidades y proyectos acordes a la realidad.

Las historias de Luis Garza y Renata Zentella ilustran que la creatividad, la resiliencia y el deseo de aportar no disminuyen con los años; al contrario, se potencian con la experiencia acumulada.

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